9.02.2011

Dia 7

Despierto con dificultad y sin ganas, abro los ojos y espero pausadamente a que mi cuerpo responda en los próximo minutos que le siguen al reloj; entre la premura de la mañana pienso en donde estoy, pienso que estoy aquí, lejos, porque así se pidió, pienso en ti, en que mi vida ha cambiado y que los grados no dejan de avanzar.
Me levanto agarrando el ánimo empujado por la responsabilidad de llegar al trabajo, me baño, respiro, paso mis manos por la cara una y otra vez al mismo tiempo que se va el suspiro; salgo y escojo qué ponerme... lucho por no agarrar unos tenis y un pants, trato de escoger algo decente y que me haga sentirme bien (animosa); me arreglo, suelto mi cabello, uso unos tacones... los pantalones ya no me quedan, padezco una triste flaquez; me maquillo y salgo.
Me ha rondado en la mente el hecho de cambiar de trabajo, salir de ése círculo confortable (por no llamarlo mediocre) y retar mi persona. Lograría activar más mi mente y mi físico, lograría también tratar de no pensar en que algo que soñé de la vida me lo quitaste en mi cara.
Paso la mañana haciendo labores que me gustan, trato de seguir, de ser objetiva y real, luchando para que mis emociones, mis impulsos no me hundan y me enreden más de lo que estás tu. 
Para mí fue un gran error contra el cual no me das armas para luchar. Y sigo mis horas haciéndome a la idea de el momento espacio-temporal en el que me he vuelto a encontrar; vivo la vida tratando de luchar.
Es fácil cuando tienes gente cerca, pero siempre llegará el momento solitario donde tengo que vivir el dolor que omito durante todo mi día. Llega, me pierdo y me tengo que volver a encontrar; tratando de no sumergirme en el sin fin de dudas que ni tú mismo sabes responder, viviendo mis días con mis emociones dormidas hasta que la noche las reciba. 
Y a estas horas escribo, mi antídoto para dejar que mi alma agarre respaldo, mi único momento donde vulnerable soy, ahora aquí, sin tu persona.

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